November 30, 2022

Se va 2020 el año de los abrazos desde el corazón

Cristina Quiroga Rodríguez

20 que acaba nos llevó a reinventarnos y nos deja grandes lecciones de vida que hoy quiero compartir con ustedes.

Sé que algunos dirán fatídico año, el peor de todos, pero como en la gran escuela de la vida nos llegó un año de muchos aprendizajes, si perdemos una lección o una materia nos toca repetirla hasta que aprendamos.

¿Qué aprendí en 2020?  Aprendí muchísimo:

·         Aprendí que cuidar la vida es nuestra gran responsabilidad, que tiene tanto valor, pero se nos olvida que un respiro es un comienzo o un final, que despertarse con vida es un privilegio.

·         Aprendí que la salud del cuerpo es vital, y que muchas veces ni nos detenemos a pensar el valor que tiene estar saludables, hasta que llega un virus a recordárnoslo. Nos recuerda que somos frágiles, pero también fuertes, que el cuerpo es un instrumento de vida y que hay que consentirlo para que cree defensas.

·         Aprendí que la salud mental es igual o hasta más importante que la salud del cuerpo, nuestra mente es una gran máquina que debemos aprender a manejar. Alimentarnos de pensamientos positivos es un ejercicio diario que debemos seguir, así como nos ejercitamos en un gimnasio.

·         Aprendí que las emociones son un río con mucha fuerza, pero que nos puede llevar a aguas mansas si así yo lo decido. Se vale reír o llorar, todo se vale lo importante es que llenemos ese corazón de mucho amor y paz.

·         Aprendí que la muerte está siempre ahí asomándose para todos, para recordarnos que un día desperdiciado nos acerca más a ella. Que la muerte no es solo física, muchos ya están muertos en vida.

·         Aprendí que un virus no es el que tiene que recordarnos la gran oportunidad de vivir que tenemos todos, que tenemos que crear un ‘Para que no se me olvide’ y cuando pase la pandemia no dejemos atrás lo aprendido.

·         Aprendí que lo más valioso que tenemos no son las cosas, sino los seres humanos que nos acompañan, empezando por nosotros mismos que somos la mejor compañía que podamos tener.

·         Aprendí que la familia es el mejor regalo que Dios nos ha dado, que contar con padres, hermanos, sobrinos, primos, tíos y quienes tienen hijos, es una bendición que debemos apreciar y respetar cada día. Y que, aunque no los tenga al lado, están más cerca que nunca.

·         Aprendí que hay algo superior al ser humano, llámese fuerza, Dios, universo, alienígenas, cada uno cree en lo que quiera creer, pero no estamos solos: invocar, rezar, pedir ayuda se vale.

·         Aprendí que el Amor es la fuerza que mueve montañas y que no debo esperar a que llegue de fuera, está en cada uno de nuestros corazones, y es infinita, pese a los golpes y decepciones el amor crece como una llama que nunca apaga.

·         Aprendí que para expresar los que siento hay tantas formas y medios que no necesito estar cerca del otro. El 2020 se considera el año de los abrazos de corazón, porque los físicos los guardaremos para cuando nos podamos ver y tocar nuevamente.

·         Aprendí que el tiempo se pasa volando cuando somos más felices y más lento cuando estamos tristes, que cada segunda cuenta y que, si decidimos gastarlo contemplando una nube o una estrella, no es tiempo perdido.

·         Aprendí, que al estar en silencio y encerrados se pude apreciar más la magia de la vida y de la naturaleza: ver con otros ojos las montañas, las nubes, el sol, la luna, las estrellas, verle los anillos a Saturno y al brillante Júpiter, no tiene precio.

·         Aprendí que tenemos más hermanos y nos son menores: cada ser vivo de esta hermosa tierra nos recordó la maravilla de este planeta: pájaros, palomas, colibríes, mariposas, nuestras mascotas ‘Bruno’ es el perro de mis padres que aprendí a querer en esta pandemia. Y qué decir de las flores, plantas, arboles y montañas, mejor acompañada no he podido estar.

·         Aprendí que el trabajo es una herramienta de vida que nos permite una fuente de ingreso, pero que no es lo más importante. Sin embargo, no tener recursos hace más difícil el aprendizaje de vida.

·         Aprendí que hay que ahorrar, no todo, pero si un poco para los tiempos de aprendizaje profundo como este 2020. Dicen los economistas que mínimo debemos tener ahorros para 5 meses y lo ideal es para 5 años, por si acaso, por si las moscas, por si enfermamos, por si no hay empleo, por si no podemos salir.

·         Aprendí que la gratitud va de la mano con la prosperidad y que tener escasez o abundancia está en mi mente. Si tengo lo elemental es porque no necesito más. Para vivir no se necesita tanto, entre menos carga más livianos para volar más alto.

·         Aprendí que el espacio es lo de menos, renuncié a mi cómodo y silencioso ‘Apartapulga’ en Bogotá y gané el poder disfrutar de nuevo mi gran casa, la de mis padres, en mi hermoso pueblo Convención decorado con verdes montañas y alumbrados con un cielo azul y una lluvia de estrellas que titilan todas las noches.

·         Aprendí que puedo disfrutar mi soledad, por elección, y también disfrutar la grata compañía de mis padres y de mis amables coterráneos: personas sencillas que viven tranquilas y más livianas, sin el corre corre de una gran ciudad.

·         Aprendí que el presente es un regalo como su nombre lo dice es un presente que demos recibir con la misma generosidad con la que nos ha sido dado.

·         Aprendí que el futuro es incierto y por lo mismo emocionante, pero que nos debemos ocupar más del presente, de disfrutar cada momento como si fuera el último.

·         Aprendí que somos frágiles, pero también muy fuertes, que el dolor nos puede doblegar, pero también nos puede levantar y con más fuerza. Si la prueba existe también está la solución.

·         Aprendí que cada ser humano es como yo, que también ríe, llora, goza, cae, baila y aprende, que no somos tan distintos, por lo tanto, lo que le pasa al otro me pasa a mí.

·         Aprendí que orar y meditar es mirar hacia dentro para sacar fuerzas guardadas y que todos tenemos una reserva inagotable, solo que se nos olvida porque pensamos que la solución está afuera.

·         Aprendí que los niños son los mejores maestros de vida, son la pureza del amor, son los que nos recuerdan que el verdadero motos es el amor no el odio.

·         Aprendí que hay que agradecer todo lo que nos llega y también lo que no llega, todo es un regalo.

·         Aprendí que lo que envío se devuelve, es la Ley de la Correspondencia, por lo tanto, de mí depende lo que reciba.

·         Aprendí que, si nos aprendes algo nuevo cada día, ese día no valió la pena, pero que nunca es tarde para aprender.

¡Gracias 2020 por tantas enseñanzas y bienvenido 2021 con nuevos aprendizajes!

Cristina Quiroga Rodríguez

Celular: 3164723925

ledycristinaquiroga@gmail.com

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Redexpertos es una organización que tiene como objetivo congregar a profesionales relacionados con las áreas de las comunicaciones y la responsabilidad social empresarial, para promover la gestión del conocimiento y de esta manera aportar a la Sostenibilidad del planeta.

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